martes, 17 de junio de 2008

LUTO EN ORIZABA

LUTO EN ORIZABA
Cientos de personas acompañaron a la
familia Reyes Luna durante todo el cortejo.
Foto: Samuel Hernández/El Sol de Orizaba
El Sol de Orizaba
17 de junio de 2008

Emilio González Gómez

Orizaba, Veracruz.- Fue un día muy triste y gris. Algo frío, como corresponde al verano tardío en el valle de Orizaba. Después de haber velado el cuerpo de la infortunada Karina Reyes Luna toda la madrugada en la capilla ardiente que fue instalada en el Salón "Food and Jobs", llegó la hora del funeral.

Fueron unas horas llenas de pena, de inmensa pena, donde nadie era capaz de encontrar consuelo. Una de las innumerables coronas que acompañaban al féretro era de escuelas particulares. El edificio se llenó de flores blancas y arreglos florales.

Y a las 11:30 horas partió el cortejo fúnebre hacia la catedral de San Miguel Arcángel. Iban caminando por el bulevar políticos, alcaldes, diputados, estudiantes, familiares y amigos. Adelante patrulleros de Tránsito abrían paso al cortejo.

Afuera de la catedral, el arzobispo Hipólito Reyes Larios junto con ocho obispos esperaba. La iglesia estaba llena. Había incontables micrófonos, cámaras de TV, unidades móviles y periodistas.

Y a las 11:55 horas el cortejo hizo su entrada al atrio de la catedral, mientras repicaban las campanas.

A las 12:00 en punto ingresó a la catedral, el arzobispo Hipólito Reyes Larios, acompañado de los obispos. Ahí estaba el féretro y la familia Reyes Luna acongojada por la pena.

Los afligidos abuelos de Karina, don Melitón Reyes Andrade y su esposa Dolores Larios de Andrade ocuparon su lugar reservado. Y el templo era puro sollozo que encogía el alma. La ceremonia se volvía más triste y más gris por momentos.

La santa misa se desarrolló casi en un suspiro. La homilía del arzobispo Hipólito Reyes Larios fue preciosa, el mensaje también. Decía: "No es el final", le salió del fondo del alma.

"Estoy llorando", expresaba una estudiante de la universidad. Otro maestro de la escuela de educación superior, añadía: "A mí no me quedan lágrimas".

Al final de la misa de cuerpo presente, la familia se derrumbó emocionalmente. Y las lágrimas afloraron y resbalan por las mejillas de amigos, estudiantes y conocidos.

Y llegó el momento más difícil, cuando personal de la funeraria levantó el féretro y lo introduce a la carroza fúnebre.

Creo que todos mirábamos, de forma alternativa, el féretro y el cielo. Porque el consuelo que debía de venir del cielo ¡¿de dónde si no?! tardaba en llegar. "Adiós Karina", sonaba más que a canto, a oración. "Adiós Karina", todos te recordamos. Nunca esta oración que nació con vocación entre los ahí presentes tuvo mayor significado emocional en una despedida, un adiós, pero hasta siempre. Son las paradojas de la vida, las cosas no son a veces como nos parecen o como deseamos. Adiós Karina, todos te queremos, descansa en paz y que los que han cometido este crimen tan horrendo tendrán su castigo, y que los perdone Dios como dijera en la homilía el arzobispo Hipólito Reyes Larios.

"Dios mío, danos consuelo, que ya no podemos más", musitaban los familiares de Karina Reyes Luna. Es una prueba demasiado grande.

Y cuentan los que asistieron que allí estaba el pueblo entero. Nunca se había vivido una mañana tan triste y tan desconsoladora. Hoy en el panteón municipal de Ciudad Mendoza sepultarán los restos de la infortunada Karina Reyes Luna.

No hay comentarios: